Temas de Asignaciones :
Video de japones y latino:

Para ser conferencista, Yokoi Kenji no es nada intimidante. Es de estatura baja, muy delgado, y su cara refleja una mezcla de nacionalidades dificíl de decifrar. El ser Colombiano y Japonés para Kenji significó encontrarse partido entre dos culturas. Una de “aquí-no-existe-el-error” y la otra de “cógala suave viejo.” Y aúnque no siempre fué fácil para el, Kenji comparte con cualquiera que se encuentre en su camino – sea “importante” o “no” trés lecciones claves que harían a cualquier pensar dos veces.
Porque van contra la naturaleza y creencias de la cultura latinoamericana. Para Kenji, alcanzar el éxito requiere de trés reglas básicas que siempre se cumple – quieras o nó.
SOPA DE POLLO :
Introducción :
Sabemos todo lo que necesitamos saber para poner fin al innecesario sufrimiento
emocional que mucha gente padece en la actualidad. Una elevada dosis de autoestima y
autocomprensión son metas accesibles para todo aquel que esté dispuesto a hacer lo
necesario para conseguirlas.
Es difícil transmitir por escrito el espíritu de algo que nos presenta la vida. Fue
necesario reescribir cinco veces las cosas que contamos a diario para que, una
vez impresas, sonaran tan bien como en vivo y en directo. Os rogamos que
cuando leáis los relatos que aquí ofrecemos, olvidéis todo lo que alguna vez
aprendisteis en vuestras clases de lectura rápida. Reducid la marcha. Escuchad
las palabras no sólo mentalmente, sino también cordialmente. Saboread cada
relato, dejad que os conmueva. Preguntaos ¿qué es lo que este libro despierta en
mí? ¿Qué sugerencias aporta a mi vida? ¿Qué sentimiento o qué acción
moviliza en mi ser más íntimo? Permitíos establecer una relación personal con
cada relato.
Algunos relatos os hablarán en voz más alta que otros. Algunos tendrán un
significado más profundo. Algunos os harán llorar, otros os harán reír. Algunos
os bañarán con un sentimiento cálido y cordial, y otros quizá os golpeen como
un puñetazo en la frente. No hay una respuesta adecuada; la única válida es la
vuestra. Dejadla surgir y no la cuestionéis.
No leáis este libro con prisas. Tomaos vuestro tiempo. Disfrutadlo.
Saboreadlo. Comprometeos plenamente con él. Representa miles de horas
buscando «lo mejor de lo mejor» de entre nuestros cuarenta años de experiencia
compartida.
Finalmente: leer un libro como éste es, en algún sentido, como sentarse a
comer un banquete que sólo está constituido por postres. Quizá sea demasiado
rico. Es una comida sin verduras, sin ensalada ni pan. Pura esencia con pocas
banalidades.
En nuestros seminarios y talleres dedicamos más tiempo a explicar y
analizar todo lo que implica cada relato. Debe haber más motivos y más
reflexión en la forma de aplicar las lecciones y los principios a vuestra vida
Jack Canfield & Mark Victor Hansen Sopa de pollo para el alma
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cotidiana. No os limitéis a leer estos relatos. Concedeos el tiempo necesario para
digerirlos y asimilarlos, adueñándoos de ellos.
Si os sentís movidos a compartir un relato con alguien más, hacedlo.
Cuando alguno de ellos os haga evocar a otra persona, llamadla para
compartirlo con ella. Abordad estos relatos dispuestos a dejar que os muevan a
hacer cualquier cosa que ellos os inspiren, porque ésa es su intención: inspiraros
y motivaros.
En muchas de estas historias nos dirigimos al autor original para pedirle
que las escribiera o las contara con sus propias palabras. En muchos de los
relatos lo que se oye es la voz de sus autores, no la nuestra. Siempre que ha sido
posible, hemos atribuido cada relato a su fuente original. Para, todos aquellos
que se deben a compañeros de trabajo hemos incluido, al final del libro, una
sección de colaboradores donde ofrecemos nombres, direcciones y números de
teléfono para que, si el lector lo desea, pueda ponerse en contacto con ellos.
Esperamos que disfrutéis de la lectura de este libro tanto como nosotros
hemos disfrutado al confeccionarlo.
EL EXITO :
¡Éxito es conseguir lo que se desea!
No significa lo mismo que Felicidad, que es apreciar lo que ya se ha conseguido. Usted no
necesita nada más para ser feliz. Basta con que le satisfaga lo que tiene; es una cuestión de
aceptación mental.
Nada le impide querer o ambicionar otras cosas. El problema está en ligar la felicidad al éxito;
entonces se suele decir, por ejemplo:
-Cuando sea adulto seré feliz.
-Cuando acabe la carrera, seré feliz.
«Cuando me case, cuando tenga hijos, cuando terminen la carrera, cuando se casen, cuando
tenga nietos, cuando me jubile...», y así la vida transcurre como un gato pasando sobre un tejado de
cinc caliente: sólo sentimos el calor.
El éxito es conseguir lo que se desea.
La felicidad es apreciar lo que ya se ha conseguido.
El propósito de este libro no es enseñar a ser feliz: esta es una decisión que pertenece a cada cual.
Aquí vamos a estudiar la Ciencia del Éxito.
Parte de lo que voy a presentar está basado en los trabajos del investigador Napoleón Hill,
contratado por Andrew Carnegie (probablemente el hombre más rico de su época) para una extraña
tarea. Carnegie se encontró con Napoleón Hill en una fiesta, cuando éste tenía diecinueve años, y le
ofreció un trabajo: investigar durante veinticinco años lo que tienen en común las personas con éxito.
Se lo pensó durante una semana y al final decidió aceptar la propuesta.
Cuando concluyó su trabajo, Napoleón Hill publicó un libro titulado The Law of Success [La ley
del éxito].
Seleccionó, inicialmente, a 1.000 millonarios, y de entre ellos escogió a 500 que, además de
dinero, tenían satisfacción personal, salud, buenas relaciones y un estado mental positivo. Durante
veinticinco años, estudió el denominador común de estos individuos y llegó a una serie de conclusio-
nes que iremos viendo en este libro.
Cuente los triángulos de la figura 2. ¿Cuántos hay? Las respuestas son de lo más variado. Yo
he oído desde 10 hasta 150. Intente dar con la solución.
¿Los ha contado todos? La gran mayoría de los lectores no consiguen identificar todos los
triángulos.
Un ejemplo tan simple como éste nos puede
enseñar que siempre es posible superarse en
esta vida, con independencia del éxito que se
tenga. No utilizamos ni siquiera el 5 por ciento
de nuestra capacidad cerebral. Einstein
probablemente no usó ni un 10 por ciento: se
estudió su cerebro con todo detalle, y no fue
posible diferenciarlo del de un idiota. La
diferencia, por lo tanto, no está en la anatomía
sino en la programación. Si comparamos el
cerebro humano con los ordenadores
veremos que no es el hardware (o
equipamiento) lo que hace que un individuo
sea más inteligente que otro, sino el software
(o programa que utiliza).
Se dice que las personas como
Einstein nacen ya genios. No es cierto.
Algunas realmente nacen con una potenciali-
dad mayor. Sin embargo, teniendo en cuenta
que sólo usamos de un 3 a un 4 por ciento de
nuestra capacidad mental, basta con utilizar
un poco más de los recursos que tenemos
para conseguir alcanzar o sobrepasar la
inteligencia de quien nació con mayor
potencialidad. Esta es la «diferencia» que
marca la diferencia.
Si de repente usted se olvidase de todo lo que aprendió hasta ahora en el colegio, el instituto y
la facultad, aun así estaría en mejores condiciones que una persona que nunca haya estudiado. ¿Por
qué? Porque durante el proceso de estudio aprendió a pensar. Si se nos examinase hoy de
matemáticas, geografía o historia, posiblemente nos suspenderían: estudiamos y olvidamos,
estudiamos y olvidamos. Entonces, como el estudio sólo sirve para aprender a pensar, no hay que
perder tanto tiempo con conocimientos que se olvidarán.
Lo importante es aprender a pensar de un modo adecuado, y podemos hacerlo. Los cursos
que imparto, basados en la programación neurolingüística, consiguen resultados evidentes en
poquísimo tiempo: en ellos enseño el proceso, no el contenido. Metafóricamente hablando
podríamos decir que enseño cómo masticar para que después la gente elija lo que quiere comer.
Cualquiera puede aprender a aumentar tremendamente su capacidad mental: basta con conocer la
técnica adecuada para lograrlo.
Cualquiera puede aprender
a aumentar tremendamente su capacidad mental.
Muchas veces no vemos, al mirarla por primera vez, que lo
que en ella se representa es un perro dálmata. . El perro está en el dibujo de la
misma forma que las oportunidades en nuestra vida: sólo son visibles para los ojos sagaces.
En la época de la gran depresión de 1929, en Estados Unidos, el dinero desapareció del
mercado, pero el gobierno continuó fabricando billetes. ¿Cómo es posible? Lo que sucedió es que el
dinero fue a parar de las manos de muchos a las manos de pocos. Los que creyeron que iban a
ganar dinero con la depresión, lo ganaron; los que creyeron que iban a perderlo, lo perdieron.
La palabra crisis, en chino, tiene dos significados: peligro y oportunidad. Es usted quien
elige considerarlo una cosa u otra. Cuando oiga hablar de crisis, haga una pequeña modificación en
la palabra: raye las eses. Quedará así: CRI$I$. Y piense que de las crisis también se puede obtener
dinero, éxito y prosperidad.
Inteligencia emocional :
EL DESAFÍO DE ARISTÓTELES
Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el
momento oportuno. Con el propósito justo y del modo correcto, eso,
ciertamente, no resulta tan sencillo.
Aristóteles, Ética a Nicómaco.
Era una bochornosa tarde de agosto en la ciudad de Nueva York. Uno de esos días asfixiantes que
hacen que la gente se sienta nerviosa y malhumorada. En el camino de regreso a mi hotel, tomé un autobús
en la avenida Madison y, apenas subí al vehículo, me impresionó la cálida bienvenida del conductor, un
hombre de raza negra de mediana edad en cuyo rostro se esbozaba una sonrisa entusiasta, que me
obsequió con un amistoso «¡Hola! ¿Cómo está?», un saludo con el que recibía a todos los viajeros que
subían al autobús mientras éste iba serpenteando por entre el denso tráfico del centro de la ciudad. Pero,
aunque todos los pasajeros eran recibidos con idéntica amabilidad, el sofocante clima del día parecía
afectarles hasta el punto de que muy pocos le devolvían el saludo.
No obstante, a medida que el autobús reptaba pesadamente a través del laberinto urbano, iba
teniendo lugar una lenta y mágica transformación. El conductor inició, en voz alta, un diálogo consigo
mismo, dirigido a todos los viajeros, en el que iba comentando generosamente las escenas que desfilaban
ante nuestros ojos: rebajas en esos grandes almacenes, una hermosa exposición en aquel museo y qué
decir de la película recién estrenada en el cine de la manzana siguiente. La evidente satisfacción que le
producía hablarnos de las múltiples alternativas que ofrecía la ciudad era contagiosa, y cada vez que un
pasajero llegaba al final de su trayecto y descendía del vehículo, parecía haberse sacudido de encima el
halo de irritación con el que subiera y, cuando el conductor le despedía con un «¡Hasta la vista! ¡Que tenga
un buen día!», todos respondían con una abierta sonrisa.
El recuerdo de aquel encuentro ha permanecido conmigo durante casi veinte años. Aquel día
acababa de doctorarme en psicología, pero la psicología de entonces prestaba poca o ninguna atención a
la forma en que tienen lugar estas transformaciones.
La ciencia psicológica sabía muy poco —si es que sabía algo— sobre los mecanismos de la
emoción. Y, a pesar de todo, no cabe la menor duda de que el conductor de aquel autobús era el epicentro
de una contagiosa oleada de buenos sentimientos que, a traves de sus pasajeros, se extendía por toda la
ciudad. Aquel conductor era un conciliador nato, una especie de mago que tenía el poder de conjurar el
nerviosismo y el mal humor que atenazaban a sus pasajeros, ablandando y abriendo un poco sus
corazones.
Veamos ahora el marcado contraste que nos ofrecen algunas noticias recogidas en los periódicos de
la última semana:
En una escuela local, un niño de nueve años, aquejado de un acceso de violencia porque unos
compañeros de tercer curso le habían llamado «mocoso», vertió pintura sobre pupitres, ordenadores e
impresoras y destruyó un automóvil que se hallaba estacionado en el aparcamiento.
Ocho jóvenes resultan heridos a causa de un incidente ocurrido cuando una multitud de adolescentes
se apiñaban en la puerta de entrada de un club de rap de Manhattan. El incidente, que se inició con una
serie de empujones, llevó a uno de los implicados a disparar sobre la multitud con un revólver de calibre 38.
El periodista subraya el aumento alarmante de estas reacciones desproporcionadas ante situaciones nimias
que se interpretan como faltas de respeto.
Según un informe, el cincuenta y siete por ciento de los asesinatos de menores de doce años fueron
cometidos por sus padres o padrastros. En casi la mitad de los casos, los padres trataron de justificar su
conducta aduciendo que «lo único que deseaban era castigar al pequeño». Cuya falta, la mayoría de las
veces, había consistido en una «infracción» tan grave como ponerse delante del televisor, gritar o ensuciar
los pañales.
Daniel Goleman Inteligencia Emocional
4
Un joven alemán es juzgado por provocar un incendio que terminó con la vida de cinco mujeres y
niñas de origen turco mientras éstas dormían. El joven, integrante de un grupo neonazi, trató de disculpar
su conducta aludiendo a su inestabilidad laboral, a sus problemas con el alcohol y a su creencia de que los
culpables de su mala fortuna eran los extranjeros. Y, con un hilo de voz apenas audible, concluyó su
declaración diciendo «Me arrepentiré toda la vida. Estoy profundamente avergonzado de lo que hicimos».
A diario, los periódicos nos acosan con noticias que hablan del aumento de la inseguridad y de la
degradación de la vida ciudadana. Fruto de una irrupción descontrolada de los impulsos.
Pero este tipo de noticias simplemente nos devuelve la imagen ampliada de la creciente pérdida de
control sobre las emociones que tiene lugar en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Nadie
permanece a salvo de esta marea errática de arrebatos y arrepentimientos que, de una manera u otra,
acaba salpicando toda nuestra vida.
En la última década hemos asistido a un bombardeo constante de este tipo de noticias que constituye
el fiel reflejo de nuestro grado de torpeza emocional, de nuestra desesperación y de la insensatez de
nuestra familia, de nuestra comunidad y, en suma, de toda nuestra sociedad. Estos años constituyen la
apretada crónica de la rabia y la desesperación galopantes que bullen en la callada soledad de unos niños
cuya madre trabajadora los deja con la televisión como única niñera, en el sufrimiento de los niños
abandonados, descuidados o que han sido víctimas de abusos sexuales y en la mezquina intimidad de la
violencia conyugal. Este malestar emocional también es el causante del alarmante incremento de la
depresión en todo el mundo y de las secuelas que lo deja tras de sí la inquietante oleada de la violencia:
escolares armados, accidentes automovilísticos que terminan a tiros, parados resentidos que masacran a
sus antiguos compañeros de trabajo, etcétera. Abuso emocional, heridas de bala y estrés postraumático
son expresiones que han llegado a formar parte del léxico familiar de la última década, al igual que el
moderno cambio de eslogan desde el jovial «¡Que tenga un buen día!» a la suspicacia del «¡Hazme tener
un buen día!».
Este libro constituye una guía para dar sentido a lo aparentemente absurdo. En mi trabajo como
psicólogo y —en la última década— como periodista del New York Times, he tenido la oportunidad de
asistir a la evolución de nuestra comprensión científica del dominio de lo irracional. Desde esta privilegiada
posición he podido constatar la existencia de dos tendencias contrapuestas, una que refleja la creciente
calamidad de nuestra vida emocional y la otra que nos parece brindarnos algunas soluciones sumamente
esperanzadoras.
¿POR QUÉ ESTA INVESTIGACION AHORA?
A pesar de la abundancia de malas noticias, durante la última década hemos asistido a una eclosión
sin precedentes de investigaciones científicas sobre la emoción, uno de cuyos ejemplos más elocuentes ha
sido el poder llegar a vislumbrar el funcionamiento del cerebro gracias a la innovadora tecnología del
escáner cerebral. Estos nuevos medios tecnológicos han desvelado por vez primera en la historia humana
uno de los misterios más profundos: el funcionamiento exacto de esa intrincada masa de células mientras
estamos pensando, sintiendo, imaginando o soñando.
Este aporte de datos neurobiológicos nos permite comprender con mayor claridad que nunca la
manera en que los centros emocionales del cerebro nos incitan a la rabia o al llanto, el modo en que sus
regiones más arcaicas nos arrastran a la guerra o al amor y la forma en que podemos canalizarlas hacia el
bien o hacia el mal.
Esta comprensión —desconocida hasta hace muy poco— de la actividad emocional y de sus
deficiencias pone a nuestro alcance nuevas soluciones para remediar la crisis emocional colectiva.
Para escribir este libro he tenido que aguardar a que la cosecha de la ciencia fuera lo suficientemente
fructífera. Este conocimiento ha tardado tanto en llegar porque, durante muchos años, la investigación ha
soslayado el papel desempeñado por los sentimientos en la vida mental, dejando que las emociones fueran
convirtiéndose en el gran continente inexplorado de la psicología científica. Y todo este vacío ha propiciado
la aparición de un torrente de libros de autoayuda llenos de consejos bien intencionados, aunque basados,
en el mejor de los casos, en opiniones clínicas con muy poco fundamento científico, si es que poseen
alguno. Pero hoy en día la ciencia se halla, por fin, en condiciones de hablar con autoridad de las
cuestiones más apremiantes y contradictorias relativas a los aspectos más irracionales del psiquismo y de
cartografiar, con cierta precisión, el corazón del ser humano.
Sistemas operativos :

es el software principal o conjunto de programas de un sistema informático que gestiona los recursos de hardware y provee servicios a los programas de aplicación de software, ejecutándose en modo privilegiado respecto de los restantes (aunque puede que parte de él se ejecute en espacio de usuario)
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